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Ha pasado un mes desde que escribí la anterior entrada donde expresaba mi desubicación vital como consecuencia de la cuarentena y, en esta ocasión, voy a ser más directo y breve, con cinco reflexiones totalmente introspectivas respecto a estos meses:

 

Reflexión 1

He comprendido que, este tipo de crisis (los «Cisnes Negros» personales, que diría Taleb), prefiero que me vengan durante momentos buenos, aún a riesgo de efectivamente estropearlos. Es el precio a pagar a cambio de contar con mejores defensas para resistirlos.

Me imagino a mi yo de 2016 o de 2018 (dos años que considero personalmente negativos) y cómo habría reaccionado: no lo habría hecho. No es lo mismo dar pause a una etapa de progreso -en la que, tarde o temprano, se volverá a pulsar el play-, que frenar algo que ya estaba frenado. La falta de desaceleración habría evitado mi propia reactividad, porque no habría nada que reactivar. Por no hablar del aprendizaje e inercia acumulados, que me han permitido sentir un relativo dominio sobre un punto y aparte para mantenerlo como punto y seguido.

 

Reflexión 2

Las etapas profesionales (al menos aquellas para autónomos, diseñadores, jóvenes, inestables e inciertos) pueden dividirse cual Double Diamond en fases divergentes y convergentes. No es nada sorprendente, hay que buscar proyectos y luego hacerlos, a veces gestionando estos ritmos de forma paralela.

Ateniendo a la distinción anterior, la convergencia o divergencia pueden presentarse de forma negativa (por ejemplo, durante la mitad de 2018 me concentré en cerrar una etapa que sentía quemada y durante la otra mitad deambulé sin rumbo fijo probando diversas opciones). 

Ahora mismo me encontraba en la transición entre un momento de divergencia a uno de convergencia, ambos positivos. Me alegro de haber aprovechado el primero al máximo para generar un recuerdo de satisfacción constante respecto al último año. En cuanto al segundo, ya que hay que posponerlo, al menos que sea sustituido por una segunda divergencia consecutiva que ojalá siembre nuevos aciertos futuros. Si me veis más disperso de lo habitual estos meses, tranquilos, es un empalme de divergencias, se curará trabajando.

 

Reflexión 3

No voy a entrar en profundidad sobre un análisis de «nuestro sector» (cada cual entienda esto como quiera) ni «nuestra carrera» (ídem), pero siento que he visto al diseño con menos máscaras que antes. Precisamente porque se ha forzado el impostaje, el cual antes me parecía más sutil; quizá por su anterior ubicuidad, ahora reducida al único canal de nuestra pantalla.

Por rendir homenaje a Pareto, de las cascadas de contenido generado estos meses, solo he podido interesarme por el 20%, del cual solo he podido asistir con conciencia al 20% y, a su vez, cuyo contenido interesante (o inédito) me ha parecido que se reduce a un 20% en el mejor de los casos. No me malinterpretéis, no quiero que nadie se sienta ofendido si no he visto su charla online, pero creo que he alcanzado mi tope de capacidad cerebral de aguantar más contenido. De hecho, tal tope que hasta me he cansado de organizar mi propio contenido

Sobre todo, me ha llamado la atención la ingente cantidad de repetición que hay para explicar los mismos tres conceptos con variados maquillajes. Sin ánimo de parecer vanidoso sino totalmente lo contrario, me frustra sentir que he «aprendido todo» sobre el diseño, al menos todo lo que cabe en las presentaciones digitales. Por eso tengo hambre de encontrármelo de nuevo en el mundo real y, además, pasear por otras disciplinas que me despiertan todavía inquietudes.

 

Reflexión 4

También me he dado cuenta de que, desde dentro del saco, vemos muy bien los diferentes bolsillos y quién anda colgado en cada uno. Sin embargo, a ojos de un espectador ajeno, todos estamos dentro del mismo saco.

Me parece injusto valorar a todos nosotros por el mismo criterio, cuando la diferencia radica en quién utiliza los medios para llegar hasta un fin y quién se dedica a especular con los medios. Por explicarlo de otra manera, un radar inevitablemente va a ilustrar en una instantánea a diferentes vehículos coincidiendo en la misma autovía, aunque realmente cada uno de ellos tenga destinos completamente desvinculados, incluso opuestos.

Reconozco que constantemente nos inventamos filigranas (y más yo, que tengo una atracción por la activación), pero es el recurso que mejor hemos sabido aprovechar para llegar a nuestro objetivo final que ¡sorpresa! es el mismo de siempre: conseguir proyectos de clientes reales. Me sabe mal tener que matizar el «reales» pero tanta turbulencia parece que ha generado un nuevo negocio de cristal basado en quienes acceden a la tentación de regodearse en ese medio.

Tampoco seamos cínicos, ¡cuánto nos queda por aprender sobre comunicación! Lo que habríamos ganado llorando menos y demostrando más.

 

Reflexión 5

Para acabar (prometí ser breve esta vez), los días de confinamiento en que me he sentido más realizado han sido aquellos en los que he estado imbuido en proyectos (el «estado de flujo» según dicen). Y a su vez, sigo sintiendo que paradójicamente, cuanto más diseño, más me alejo del «Diseño», del otro diseño. El de bombo y platillo, el auto-disciplinar, el endogámico, el de Instagram, el de las ocurrencias, el que no te pagan, el que no quiere ser pagado. Diseño con el que tonteé, todo sea dicho, hasta que salí escaldado.

Recordad, siempre que me veáis publicando fotos y posts en mis redes, sabed que estaré trabajando en todo aquello que no estoy publicando. Porque, cuando el proyecto purga tu realidad, todo lo demás queda en segundo plano.

 

¡Nos vemos pronto!

 

Hoy elijo esta foto que tomé en el coche de Sergio mientras estábamos en Asturias porque el muñeco me recuerda a un mini SackBoy de Little Big Planet. Y como he hablado de sacos, pues ea, no hay que ser tan trascendente, un poco de relajación.