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En los posts anteriores conté cómo decidimos meterle una marcha más a la aventura de AIDI. Y con esto, nos acercamos al presente, que a su vez es también mi final de la historia, al menos de momento.

En el verano de 2018 dejo AIDI. Decisión inesperada para todos los que no me conocían personalmente, pero absolutamente meditada desde hace meses.

Digamos que no hay una única razón, sino que a veces se presenta el momento ideal para llevar a cabo todas las ideas que orbitan alrededor de este tipo de cambios. Un soplo de aire. Una renovación generacional. Una inyección de nuevos conocimientos. Una oportunidad para desarrollar un proyecto de máster. Una irrefrenable inquietud de aplicar todo lo aprendido en otros entornos. Una resolución cada vez más cristalina de hacia donde quiero enfocar mi carrera. Una nueva serie de ambiciones a nivel personal. Y sí, una necesidad de estabilidad laboral.

Un día me propuse que sólo dejaría AIDI cuando estuviera seguro de que seguiría rodando sola y me alegra saber de que ha llegado ese momento“.

No quiero que se me malinterprete: sé que muchas de estas cosas también las disfrutaría en AIDI y nunca estaré lo suficientemente agradecido a todas esas personas que os habéis parado a ayudarme en esta aventura, ya sea colaborando en un evento, dándome consejos y asesorándome o, especialmente, tomando mi relevo una vez me voy. Pero en la vida hay períodos de introspección y de crecimiento, donde hace falta dar un paso atrás (o al lado) para poder dar cinco hacia adelante, y este es uno de ellos.
Nunca sabré que habría sido de AIDI con otra persona al frente en estos años o que habría sido de mi carrera si hubiera seguido un “flujo natural” de acontecimientos. Pero un día me propuse que sólo dejaría AIDI cuando estuviera seguro de que, tras mi marcha, seguiría rodando sola y me alegra saber que la dejo en buenas manos. Lo mejor que nos puede pasar a ambos es aprender a vivir y trabajar por separado.
En toda esta trama hay muchos nombres propios, anécdotas, eventos y problemas, pero no podría mencionarlos todos, porque este relato sería aún más infinito.
De momento, no me queda otra que poner el punto y final a esta historia, al menos por ahora. Porque dicen que al final todo sale bien y, si no sale bien, es que aún no es el final.

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