La Inteligencia Artificial 🤖

¡Hola! Hoy vengo a hablaros de Inteligencia Artificial, a mi manera, como siempre.

Lo primero de todo es empezar por la misma página.

Llamamos Inteligencia Artificial al diseño, desarrollo y combinaciones de algoritmos con el objetivo de crear máquinas inteligentes que presenten capacidades similares a las del ser humano o, al menos, que tengan capacidad de pensar racionalmente por ellas mismas.

Esto no es nuevo y lleva décadas vislumbrándose en multitud de aplicaciones, algunas tan terrenalmente brillantes como vencer al campeón mundial de ajedrez.

Podríamos desarrollar la parte teórica durante muchos párrafos, pero realmente os quiero hablar del presente de esta tecnología.

¿Qué es lo que está pasando ahora?

Básicamente, 2022 ha sido el año de boom para la Inteligencia Artificial o, más concretamente, para multitud de aplicaciones prácticas, que antes todavía no existían o solo lo hacían de forma muy rudimentaria.

Estamos hablando especialmente de aquellas disciplinas creativas, como puede ser la pintura, la literatura o la fotografía.

Este artículo no pretende ser riguroso ni una guía, ya hay miles que dan todos los detalles.

Suelen decir que la mejor manera de comprobar si realmente has aprendido algo es cuando tienes que intentar explicarlo, por lo que quiero contar mi visión sobre este tema, a ver qué sacamos en claro.

“Robots sitting in a crowded room writing in pieces of paper, wooden furniture, desktops, office mood”

Cuéntame un cuento (IA narrativa)

En primer lugar, quiero centrarme en la Inteligencia Artificial en el plano narrativo, literario o textual, como queramos llamarlo.

La principal novedad son nuevas plataformas inteligentes a modo de chat, donde la IA es capaz de contestarte a cualquier cosa que le preguntes (otra cosa es que lo haga bien). La más famosa se llama Chat GPT3 y es Open Source (por ahora). La principal diferencia con Google es que NO te está mostrando una selección de artículos a priori relacionados con tu pregunta, sino que está generando una respuesta totalmente original a tiempo real, a raíz de toda la información que tiene en su base de datos (porque a una IA hay que alimentarla para que funciona).

¿Necesitas preguntar por recomendaciones para tu nuevo ordenador? ¿Escribir páginas de texto para rellenar un trabajo en clase? ¿¿Cómo se fíe un huevo?

De momento, sólo ha encontrado dificultades para decirme los delanteros del Celta de Vigo de la temporada 2008-09 y para acertar con el número exacto de un Pokémon.

¿Os acordáis de Akinator? Aquella especie de genio de la lámpara que siempre daba con el personaje que pensabas, a través de una sucesión de preguntas con las que ibas descartando posibilidades dar con la clave. Pues, como te puedes imaginar “alguien” en algún momento tuvo que señalar que Pocholo era rubio y no moreno (era esa época), para que el bicho funcione.

Las IAs de ahora aprenden a tiempo real, es decir, necesitan un entrenamiento continuo pero, por fortuna o pavor, también aprenden solas. Sin embargo, el citada Chat GPT3 no te comenta sobre temas actuales, porque su alimentación se produjo en 2021 insuflando el internet que había hasta entonces por un tubo gordo hasta saciarse. Y si intentas enseñarle sobre quién ganó Eurovisión en 2022 te pide perdón porque no tiene permitido aprender más de la cuenta.

Esto puede tener infinidad de aplicaciones: desde servicios automáticos de ciber-asistencia, la generación de copies (es decir, anuncios) dinámicos en publicidad o la evolución hipertrófica de lo que en su día conocíamos como “el Rincón del Vago”.

En esta historia de generar textos, hay IAs que también te generan código instantáneamente, a partir de una serie de directrices, cuyas implicaciones os podéis imaginar.

Si queremos convertir esos textos en voz, también hay multitud de IAs que actualmente están trabajando la locución. No se trata de Loquendo, sino de voces que realmente intentan imitar una sensación de humanidad, alejada del típico sonido metálico de cualquier asistente virtual. Las voces generadas en IA no sólo leen fonemas, sino que son capaces de entonar y transmitir emociones mientras. De hecho, es posible volcar tu voz para que “la aprenda” y lea textos por ti, gracias a aplicaciones como Descript (de momento, sólo en inglés). Adiós a la radio.

Otras aplicaciones interesantes que juegan con el texto son Summarize.tech, que te hace un resumen cuasi-perfecto de cualquier tochazo que le pases, Copy.ai, que te corrige los correos según el objetivo y tono que busques o DeePL, para traducirte de un idioma a otro (pero no como el Translator de Google palabra por palabra o expresión por expresión, sino basado en aprendizajes previos).

Con un q6 y un q4 (IA para ilustración)

Vamos al meollo de la cuestión. Por alguna razón que ahora veremos, su aplicación en texto o voz no ha sido tan polémica como en imagen. Porque la gran revolución de este 2022 ha partido de aquí.

Siguiendo con una explicación muy básica, las IAs ahora son capaces de generar cualquier imagen totalmente original a partir de un texto que les aportes (llamado prompt).

Al igual que las IAs de texto, para mostrar algo necesitan tener una base de datos previa, esta vez de imágenes. Cada una de ellas es alimentada por miles y millones de referencias visuales, de tal forma que las imágenes resultantes NO son collages de esas referencias, sino que directamente ha aprendido lo que significa cada término. Una vez ha visto 1 millón de fotos de perritos, sabe lo que devolver cuando le pides un perrito.

Esto como utilidad ya lleva un tiempo, pues yo descubrí Dream de WOMBO hace ya un par de años, porque me gusta mucho dibujar digitalmente. No obstante, nunca fui a clases de dibujo y mi punto débil siempre ha sido la teoría: cómo elegir una paleta, composición, etc. acorde a mi idea (que generalmente no suelen estar mal).

Ya sabéis lo que me gusta ver las tecnologías como medio y no como fin, por lo que mi alegría fue infinita cuando le cogí el truco a convertirme en artista cyborg (así se llama según parece). Con WOMBO creaba imágenes abstractas e imprecisas pero tremendamente afinadas en términos de composición y color, con las que luego yo empezaba a trabajar.

Por ejemplo, si metíamos algo así como la frase “ghost girl playing violin” (en inglés), me obtenía la imagen de la izquierda. Luego, yo dibujaba sobre ella hasta hacer algo como lo de la derecha.

He hecho más así, como son pocas las pongo aquí también:

“Greek goddess in ancient temple with columns and grass”
“Ninja girl in dark temple Japan”

Estas herramientas se fueron sofisticando y evolucionando, de tal forma que ya no escupen solo bocetos amorfos, sino imágenes absolutamente realistas en máxima resolución, mockups conceptuales, dibujos animados, paisajes, fotografías distópicas, personajes y todo lo que se te pueda ocurrir que cabe en una imagen (incluso aquello que no quieres que aparezca, lo que se conoce como “negative prompt”).

De hecho, pueden hacer lo mismo que la IA de voz: si las alimentas con imágenes de tu cara, pueden generar cuadros e ilustraciones de todo tipo donde apareces tú. ¿A quién no le va a gustar subir a Tinder una foto en la que pareces un líder soviético?

Actualmente, estas son las más conocidas:

  • Midjourney 4. Comercial (es decir, te toca pagar si quieres usarla). Es la más famosa y la más potente, especializada en imágenes hiperrealistas que podrían ser fotogramas 4K sacados de películas. Si queréis aprender a introducir los mejores prompts, podéis leer la guía de David Alayón.

  • Stable Diffusion 2. Esta es opensource, es decir, gratuita. Necesita instalar el programa en tu ordenar y consume bastantes recursos, pero tiene una versión “lite” para navegador.

  • Dream Studio. La versión online y de pago de Stable Diffusion.

  • Wombo.art. La que usaba yo para mis dibujos. La principal limitación es que sólo genera imágenes en vertical y que son relativamente conceptuales, aunque tiene muchísima elección de estilos. Además, es la única con app para el móvil.

  • Craiyon, anteriormente conocida como Dall-e MINI, es bastante rápida y, durante unos meses, fue la primera en crear múltiple imagen con cada prompt, además de permitir la funcionalidad “inpaint”, es decir, que tú dibujas algo aproximado y te lo traduce a imagen.

La verdad es que todas gozan de una comunidad muy activa (especialmente en Discord) donde miles de usuarios comparten diariamente sus creaciones, llegando a organizar competiciones, concursos y exposiciones.

Si quieres imaginarte lo que es posible hacer con una IA, la forma más rápida es visitante una galería virtual como Lexica.art, donde se recopilan los resultados de los usuarios ante diferentes combinaciones de términos (también permite crear).

“The number six as eye and eyebrow and the number four as nose and mouth to simulate altogether a portrait of a man seen in profile”… vamos, que todavía no se las sabe todas.

¿Y esto que hace es arte?

La pregunta del millón que se ha repetido por todas las redes sociales estos días es si aquellas creaciones generadas por una inteligencia artificial pueden caber bajo la etiqueta de lo que consideramos “arte”.

Pues lo que voy a hacer, al igual que al comienzo del artículo, es traerme algunas acepciones para esta palabra.

  1. Capacidad, habilidad para hacer algo.

  2. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Las demás acepciones ya no se refieren a lo que analizamos ahora.

Vale, entendiendo estas definiciones, puedo decir que socialmente llamamos arte (o más bien, creación artística) a tres ideas:

1/ La del arte como proceso. Creamos obras porque aprendemos, porque nos entretiene, porque genera placer, porque lo disfrutamos, porque queremos experimentar. El foco, por tanto, está en el proceso, ya sea a nivel personal, lúdico, educativo o profesional. Es el arte de un niño cuando dibuja de pequeño o el de quien busca tener un feed bonito en Instagram, donde busca explorar posibilidades mediante la propia creación, sin mayor trascendencia hacia el mundo.

2/ La del arte como expresión. En esta ocasión, no sólo nos interesa el proceso (que es algo interno), sino el resultado, que se manifiesta al mundo. Tenemos una idea, una reflexión, un concepto o una historia que contar, y nuestra creación sirve para materializarla y transmitirla a quien quiera inspirarse, permearse o influenciarse por ella. Aquí incluyo el arte activista y el pensamiento crítico.

3/ La del arte como producción. La más banal y, probablemente, la más común. Vivimos en un mundo donde hay que encajar las dos anteriores en un modelo productivo capitalista. Por lo que no queda otra que generar películas, logos, libros, canciones y cualquier otra obra artística para su consumo, idealmente masivo y obsolescente.

Lo de dibujar manos correctamente es el talón de aquiles de las IAs y, por tanto, el principal motivo de mofa de los escépticos porque… bueno, ya véis.

Ahora vamos a ver qué pasa cuando sustituimos el trabajo humano por inteligencias artificiales en cada uno de estos tres casos.

1/ IA en el arte como proceso. No tiene sentido directamente. Si lo que vas a disfrutar de crear arte es tu proceso interno, y la IA se está saltando ese proceso porque te lleva directamente de idea a resultado, tu proceso es inviolable. A quienes nos gusta dibujar, nos gusta estar dibujando. Criticar la IA desde lo emocional es como criticar la existencia de los coches porque a ti te apasiona el ciclismo.

2/ IA en el arte como expresión. Aquí ya entramos en harina. Si tú quieres crear una obra que transmita una idea muy concreta (supongamos, que haga reflexionar sobre una problemática social) y la IA te crea esa obra, es proceso que te ahorras.

Sin embargo, estamos cometiendo un fuerte sesgo del superviviente.

Vemos imágenes brutales por Twitter y pensamos que es fácil llegar a casi cualquier resultado. Lo que sucede es que realmente estamos mirando el proceso en sentido inverso (es decir, vemos quizá la única imagen aceptable de cien intentos y luego hacemos el ejercicio de narrativa inversa para imaginar el prompt del que viene). Si lo intentamos al derecho y que una imagen refleje EXACTAMENTE nuestro mensaje inicial (especialmente cuando es un concepto único, donde tienen que converger muchos elementos combinados), la cosa es realmente complicada.

No dudo en que esto acabará perfeccionándose pero, sobre todo, siempre necesitará de un aprendizaje por parte del artista. En este caso, el artista toma un nuevo rol que es el de gestión de su propio proceso y la IA se convierte en una herramienta más, que debe ayudar a conseguir el fin que pretendemos, igual que tantas otras (un ordenador, un lápiz, una impresora).

Quienes quieren generar arte con este fin pero no tienen la capacidad técnica para el desarrollo técnico son quienes más van a aprovechar esta tecnología.

3/ IA en el arte como producción. Aquí, lo siento, vas a pasarlo mal. Sobre todo si tu trabajo consiste en pasarte 8 horas al día alineando imágenes en inDesign, modificando versiones de logos, creando texturas de relleno, borrando sombras en fotografías, añadiendo efectos especiales frame a frame en una película, generando animaciones de sprites para un videojuego, editando cabeceras o cualquier otra tarea mecánica dentro de lo que podemos llamar “producción de arte”. Y, sobre todo, si no tienes intención de moverte de ahí, ya sea hacia lo estratégico, ya sea hacia lo reflexivo.

En este caso, la pregunta (polémica) que lanzo es… ¿este tipo de trabajos son arte?

Quizá al hablar de IAs estamos confundiendo creatividad con productividad. Porque no todo artista tiene por qué estar haciendo arte (este ejemplo ya lo puse con que ni todo diseñador diseña ni toda persona que diseña es diseñadora).

Sí, sé que modelar esas geometrías te lleva muchísimas horas y ahora una IA te amenaza con hacerlo de forma automática. Pero que un proceso sea largo, no lo hace más valioso.

Si no, nunca habríamos decidido utilizar la imprenta en lugar de un proceso realmente artesano y, a priori, artístico, como la caligrafía manual de los escribanos medievales.

Cualquier tecnología que nos aligera la vida siempre es bienvenida, pero supone un proceso traumático hasta que nos acostumbramos. Igual que en su día los archivistas se manifestaron contra las hojas de cálculo digitales, los delineantes contra AutoCAD, los pintores contra los fotógrafos y, de hecho, los fotógrafos contra las cámaras en el móvil.

Pero siempre llega un momento en que la tecnología (si no fracasa) se estandariza, esos profesionales aprenden a hacer otra cosa y las aguas vuelven a su cauce.

En definitiva, bajo mi punto de vista, un artista es una persona que destaca a la hora de investigar, reflexionar, experimentar y, en definitiva, pensar, con el objetivo de provocar nuevos código, lenguajes, métodos de expresión, narrativas… para que también me hagan pensar a mí.

Si tu trabajo es tan limitante que una tecnología nueva te lo quita de la noche a la mañana sin que puedas hacer nada, quizá no eras tan artista y “solo” te dedicabas a la producción.

Hemos cogido la costumbre de crear los carteles de nuestros Saraos con IA y ni tan mal, ¿no?

¿Y lo de los derechos?

En diciembre de 2022, Clip Studio Paint, el programa de ilustración y cómic digital que utilizo últimamente para mis dibujos, anunció por Instagram que pronto estarían incorporando un plugin de inteligencia artificial para potenciar su ya extenso kit de herramientas integradas.

Apenas pasaron unas horas hasta que retiraron el anuncio, la nueva funcionalidad y pidieron disculpas públicamente, pues toda su comunidad de artistas se manifestó encarnecidamente contra la empresa. Linchamientos similares son el pan de cada día en otras redes como Twitter, donde artistas partidarios y detractores discuten.

Descartados los puntos del apartado anterior, el principal conflicto que nos queda sobre la mesa es el de la protección de las imágenes. Es decir, ya no nos fijamos en la tecnología o en el resultado, sino en el proceso que lleva a funcionar a las inteligencias artificiales.

Esto SÍ lo veo un debate legítimo.

Como he explicado antes, la historia viene de que, para que una IA funcione como funciona, necesita primero aprender estudiando miles de imágenes, entre ellas infinidad de creaciones artísticas sacadas de todas partes de internet, incluyendo tu porfolio, galería o repositorio particular, con imágenes protegidas con unos derechos de autoría (lo que solemos conocer como copyright, que existe de varios tipos).

La cuestión es: si una imagen nueva ha sido generada gracias, parcialmente, a una imagen que he dibujado yo, ¿tengo derecho a reclamar?

Os recomiendo esta conversación entre el divulgador sobre IA Carlos Santana (más conocido como DotCSV) y el dibujante Isaac Sánchez (más conocido como Loulogio).

De hecho, el proceso tiene bastantes similitudes con lo que sucedió con los archivos musicales durante el comienzo de los 2000s, cuando plataformas P2P (peer to peer) como Ares o eMule fragmentaban una canción en muchos trocitos pequeños, de tal forma que cada usuario compartía un pedazo diferente y, por tanto, no podíamos llamarlo piratería (que lo era) porque no estábamos copiando directamente el archivo en cuestión. (Qué lejos queda aquello, por cierto).

La diferencia fundamental radica en que, si bien en el P2P literalmente estabas transfiriendo partes de un archivo a otros usuarios, la IA no funciona así (lo he dicho antes, no son collages). La máquina está estudiando referencias, aprende por su cuenta y luego lo que produce es totalmente original. Algo así como si tú tuvieras tiempo para visitar un millón de cuadros en museo antes de inspirarte a pintar el tuyo.

Hasta el punto en que estamos ahora, el problema realmente no viene de que alguien diga “hey, ese trozo de imagen es un recorte de mi obra” (porque no va a pasar), sino con la apropiación de estilos propios Si la máquina ve tantos cuadros de Van Gogh que le es posible dibujar otros nuevos que indudablemente parezcan su estilo, ¿está plagiando? Quizá a Van Gogh en su tumba le da igual, pero hay multitud de artistas vivos cuyos estilos son claramente identificables y quienes, de hecho, viven de capitalizar ese mismo estilo.

Uno de los casos más utilizados es el “estilo Ghibli”, inconfundible estudio de obras maestras como “Mi vecino Totoro” o “El viaje de Chihiro”.

Así sería un partido del Atlético de Madrid si hubiera sido conceptualizado por Miyazaki

Está claro que un estilo puede imitarse a mano, pero en este caso la herramienta sí que está puenteando el trabajo de una copia para convertirlo en prácticamente una churrera, lo cual nos lleva al debate del apartado anterior. ¿Es más legítimo plagiar una obra cuando te lleva un esfuerzo manual que cuando lo hace una máquina? Aquí los dos debates convergen.

De hecho, existen herramientas donde podemos comprobar si nuestras obras en concreto han sido alimento para las IAs. Solo tienes que meter tu nombre artístico y ver si te identificas con los resultados que devuelve.

Sin embargo, me he tomado la libertad de buscar a varios de los artistas que claman en internet contra las IAs por este tema y… ¡sorpresa! no aparecen en el repositorio. Solo encontramos la identificación de estilos mayoritariamente con artistas socialmente reconocidos (y muertos).

Quizá estamos exagerando al poner tanta venda antes de la herida, pero realmente entiendo que el hecho de que hoy no aparezcan ahí no asegura que no lo harán mañana y, en ese caso, la acción del artista no debería ser una medida paliativa sino preventiva.

Además, el problema es que, como el proceso de alimentar es diferente al de generar, la ingeniería empresarial podría separar ambos en diferentes organizaciones para escurrir el bulto de la culpa.

En cualquier caso, para mí esto es un ejemplo evidente de discusión en el que ambas partes tienen razón. Ooootra vez la tecnología avanzando más que las mastodónticas legislaciones de los países… y las víctimas, como siempre son las personas, esta vez artistas, tanto quienes tienen su derecho legítimo a proteger su arte como aquellas que quieren experimentar de forma ética con la nueva tecnología. Estos limbos legales provocan situaciones donde cada pequeña decisión tomada (como en el caso de Clip Studio) siempre implican un paso en falso, porque todas las direcciones son arenas movedizas.

Ah, no se me olvida otra de las preguntas típicas respecto a las creaciones hechas por inteligencia artificial. ¿A quiénes pertenecen estas nuevas obras?

Por ejemplo, en Estados Unidos no existe protección de copyright para aquellos trabajos generados por una máquina, siempre que no haya intervención humana. Sin embargo, existen litigios actualmente en casos ambiguos como el de un artista que diseñó una tira cómica donde el contenido de las imágenes fue generado por IA, pero él reclama su autoría porque alguien tendría que decidir la narrativa y darle consistencia a esas imágenes, ¿o no?

¿Qué otras aplicaciones existen?

Más allá de polémicas, que son importantes para definir el marco ético de una nueva tecnología, quiero recalcar que sólo he contado un par de casos muy específicos (ilustración y texto) de lo que una inteligencia artificial es capaz de hacer hoy en día.

Pero es que en estos últimos meses hemos visto de todo:

Por no hablar de todas aquellas implicaciones en términos de impacto social con las que muchas personas podrán beneficiarse de esta tecnología aunque, por lo que sea, casualmente emprendedores, techies y creativos ahí sí suelen estar siempre de acuerdo en que es la última de sus prioridades.

Esto es lo que estima la IA que son Pokémon inspirados en mí. ¿Lo pillas?

¿Qué está por venir?

Es difícil aventurar hasta dónde nos va a llevar esta tecnología en los próximos años si su desarrollo progresa de forma tan vertiginosa, pero voy a hacer mi cómoda apuesta en términos técnicos y estratégicos.

A nivel técnico:

  • Cine generativo. No lo he mencionado, pero también existen aplicaciones que te generan vídeos infinitos (fractales) con IA. De momento hablar de vídeos completos es algo que no está muy desarrollado, pero no nos extrañe que en pocos años veamos alguna película de animación generada de una forma similar a esta. He llegado a leer especulaciones-barra-sueños sobre que en el futuro simplemente tendremos que decirle a la máquina “créame una película de 2h con una historia que sea un remake de Compañeros pero viviendo en el espacio” y pum, manifestaciones por todo Hollywood. u/login

  • Videojuegos generativos. Esta es especialmente interesante porque el auge de los juegos de mundo abierto favorece que, algún día, los juegos (especialmente aquellos basados en niveles o mundos como los RPGs o los plataformas) se generen en tiempo real. Aquí entran muchos factores como adecuar la progresión de la dificultad o enlazar con una narrativa coherente, pero sin lugar a dudas es un avance. La base de esto no es algo nuevo, ya existía en videojuegos vintage como Age of Empires o Pokémon Mystery World.

  • Código inteligente. Si nos centramos en el plano profesional, lo que podemos empezar a intuir sobre cómo las IAs de texto te generan código nuevo es bastante prometedor. De momento, no te permiten diseñar tus propias webs o programas de forma íntegra, sino que hace falta una mano experta (que no es la mía) para identificar dónde se está equivocando e ir corrigiéndola a empujoncitos. Esto es algo que puede evolucionar en poco tiempo y la agilidad de programación adquirirá un nuevo estadio.

  • Aplicaciones de productividad. Al igual que la anterior, la IA aplicada en el backstage también puede emplearse para aquellas aplicaciones hoy conocidas como “no code”, es decir, para usuarios que no tienen ni idea de programación pero sí son (somos) frikis de la productividad, la organización o la información. Por ejemplo, mi querida Notion tiene actualmente una lista de espera para su beta con IA, donde directamente le pides qué tipo de tablero necesitas y te lo genera personalizado para tus deseos.

  • Sesgos humanos. Yo siempre defiendo que la tecnología es solo una herramienta que depende de los fines de la persona que la usa. Pero no olvidemos que esa tecnología no es necesariamente neutra, sino que hay personas detrás que la han programado y, por tanto, tiene sesgos humanos. Por eso, ha habido tropiezos tan bruscos como que la IA ha decidido poner la etiqueta de “primates” a fotos con personas negras. Ahora mismo, en Chat GPT3 hay muchos temas polémicos de los que la app no quiere que hables, para no herir sensibilidades, pero ese límite también ha sido puesto por humanos. Resolver estos temas es un paso necesario para su aceptación social generalizada.
“Macedonia (fruit salad) as an association of culture, education and social impact, bright colors, scattered, cartoon style, pattern”

A nivel estratégico:

  • Regulación de los derechos. Bueno, esto está claro, urge darle respuesta a este conflicto. Igual que los copyrights originales se estiraron para crear los diferentes modelos de Creative Commons existentes (gracias a los que podemos modificar, compartir y reutilizar una obra), mi apuesta es que existirán nuevas atribuciones y cada artista elegirá voluntariamente si quiere que sus obras formen parte de estas bases de datos. De hecho, plataformas como DeviantArt (la plataforma más grande para artistas) ya están incluyendo funcionalidades como etiquetas para avisar de qué quiere un autor que hagas con su dibujo. El problema principal es el efecto retroactivo.
  • Integración de múltiples tecnologías. La inteligencia artificial cruzada con otras tecnologías como los NFTs (es decir, tokens únicos generados gracias a blockchain) nos permitiría “matricular” la exclusividad de cada creación para una posterior comercialización como ya muchas IAs incluyen actualmente. Pero también la realidad virtual, para imaginarnos al momento entornos inmersivos, lo cual podría tener mucha utilidad en ámbitos como la arquitectura, la escenografía o el diseño de interiores.
  • Nuevos modelos de negocio. En relación con lo anterior, hay muchos negocios que ya asoman la patita, como puede ser el de explotación y protección de tus obras a través de la IA. Por ejemplo, un sistema de cripto-identificación por el que recibas una pequeña comisión cada vez que alguien genera una obra si previamente ha usado tus imágenes como entrenamiento. Realmente lo del P2P se resolvió con el modelo Spotify, no es nada transgresor (aunque tampoco lo podemos considerar un modelo exitoso, pregúntale a cualquier cantante).
  • Control del contenido. Más allá del debate entre artistas, no hemos hablado de que una IA podría utilizarse con fines como mínimo perversos y, en el peor caso, delictivos. Por eso, las apps actuales se cubren en salud cuando les pides crear algo picantón, porque imagina lo que pasaría si todo el mundo empieza a idear pornografía a partir de referencias ajenas. De hecho, las IAs también permiten generar deepfakes, esto es, suplantaciones de personalidad tan realistas que hasta nuestro alcalde se la comió doblada.
  • Mediación tecnológica. Así llamamos al proceso donde aquellas personas que controlan de tecnología, enseñan las aplicaciones útiles, sensatas y beneficiosas a quienes están dispuestas a entenderlas y reutilizarlas en sus campos. Aquí hay debates interesantes a nivel sociológico, cultural y psicológico, como si tiene sentido apoyar una IA de corridas de toros realistas computacionales (con el fin de extinguir las reales) o un chatbot que simule un sexting o conversación subida de tono (para evitar el acoso a mujeres de verdad). ¿Funcionaría?

En cualquiera de los casos, muchos de estos debates me recuerdan a cuando cambia el escudo de tu equipo de fútbol y la gente se queja con la excusa de que hace 30 años era distinto. A su vez, el de hace 30 años era el nuevo, porque había otro que entonces ya tenía 30 años, y así ad infinitum (bueno, no, hasta principios del siglo XX en la mayoría de casos).

Toda mi generación nos quejamos ahora de la inteligencia artificial específicamente, porque hemos crecido con tabletas gráficas y Photoshops que ya tenemos normalizados y no nos suponen un conflicto. Supongo que la anterior se quejaría de esas moderneces informáticas que se cargaban la esencia de un buen dibujo en acuarela, y así hasta un señor (o señora) en una cueva de Altamira hace 12000 años, quien mira a todos los demás artistas del futuro desde su atalaya moral de justificada condescendencia.

Artículo escrito en enero de 2023