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La semana pasada asistí por primera vez al evento Cumbres, en Corella (Navarra) que, aunque lleva una década celebrándose (bajo otro nombre), no conocía hasta hace apenas unas semanas. De hecho, esta edición estaba dedicada a homenajear el aniversario de la Bauhaus.

Todo surgió cuando Kike y Javi nos contaron que, hace unos años, fueron invitados como ponentes y, al año siguiente, acabaron tan involucrados que rediseñaron la imagen del evento (y empezó a llamarse Cumbres). Me animé, animé a Antonio y Vicky y acabamos yendo en coche con Kike a cotillear.

En primer lugar, nos hemos quedado asombrados de cómo una escuela pública –la escuela EASDi de Corella– puede ser tan avanzada en ecodiseño y estructura educativa, con excelentes medios físicos y humanos, además en un pueblo tan pequeño y acogedor. Aprovechad al máximo ese ambiente porque en el futuro lo vais a agradecer a la hora de trabajar en equipo y emplear el pensamiento divergente.

Está claro que no es el primer evento de diseño al que asisto y, en ese sentido, tenía una estructura «tradicional» (charlas por las tardes y talleres por la mañana), pero quiero resaltar la calidad de las mismas. Un contenido bien estructurado, con ponentes de muy alto nivel hablando de temas que incluso en ocasiones podían ser demasiado técnicos para el público más joven (cosa que siempre agradeceré). Me gustó que cada intervención fue lo suficientemente amplia como para profundizar en cada temática con detalle y estaba aislada de las demás con pausas generosas, evitando el efecto cascada de charlas atropelladas a las que tendemos a caer por error.

Por supuesto, nuestros otros momentos favoritos fueron las comidas, donde aprovechamos al máximo la experiencia. Quizá aquí hicimos un poco de trampa y lo disfrutamos especialmente porque, por primera vez, ni íbamos puramente del lado de los asistentes ni tampoco estábamos implicados en la organización (y, por tanto, atacados de estrés). Descubrimos el nuevo mundo de estar del lado de los ponentes, quizá una de las partes más agradecidas de este tipo de experiencias. Colarnos en cada taller, hacer tours por la escuela, tomarnos unas raciones de productos de la huerta y descubrir lo que es un cuarto navarro.

En cualquier caso, fueron sólo dos días pero a los tres nos encantó conoceros a todas las personas implicadas en que Cumbres saliera de nuevo adelante: dirección, profesorado, alumnas, ponentes y colaboradores. De hecho, durante unos minutos tuvimos cuatro camas de sobra y dos talleres apalabrados, ¡ay la hospitalidad ribereña!

Ya sabéis que el año que viene esperamos estar por allí de nuevo dando guerra [y alguno de esos talleres o ponencias ;)]. Mientras tanto, para todo lo que podamos ayudar desde Madrid, ¡aquí nos tenéis!