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Hoy he asistido a mi primer evento TEDx. Celebrado en el Teatro Philips en plena Gran Vía de Madrid, en concreto se trataba de TEDxYouth Madrid, una variante de este conocido formato en la que, esta vez, será un plantel de jóvenes quienes nos brinden con sus charlas y reflexiones. 

Voy a partir con la conclusión por delante y reconocer que me ha encantado (como espectador y, por qué no decirlo, como organizador de eventos con fines similares, salvando mucho las distancias). En concreto, la moraleja que me llevo a casa es que no hace falta ser una persona brillante para poder hablar de algo brillante. No, no estoy diciendo que los speakers no fueran brillantes, sino que simplemente no lo hemos llegado a saber. Vale que en la web oficial del evento venían sus descripciones pero, más allá que para contextualizar, no eran el foco del relato. Por rememorar a nuestro querido aquél, son personas que hacen cosas y, por tanto, saben de cosas, las cuales han contado. Muy bien contado, todo sea dicho de paso.

Quizá no se aprecia tanto el matiz si no has asistido antes a decenas de charlas motivacionales e inspiracionales,  pero muchas de ellas me han parecido siempre extremadamente personalistas: vengo a contarte mi vida y por qué tengo más dinero que tú. Al final de la charla, intentas rescatar alguna enseñanza pero, en cambio, te das cuenta de que la tecla que ha funcionado para esa persona no tiene por qué servir para ti y te quedas en el punto de partida.

Curiosamente, un detalle que me ha sorprendido gratamente es que el hecho de descentralizar la charla de la propia persona que habla hace que ésta se enfoque más en el resto de personas, donde se consigue empatizar. En lugar de girar sobre el negocio y los proyectos, se centra en las personas y las historias de esos proyectos, lo cual me parece totalmente un acierto. Ojo, hay otras ocasiones donde quizá quieres escuchar «el proceso del éxito» pero, en mi caso personal, he salido particularmente escaldado por el granizo de demasiadas utopías y me apetecía una desconexión que me acercara a otros términos. Hablando de términos, me ha ilusionado encontrarme un fuerte apoyo en la psicología a lo largo de todas las intervenciones, como explicando el efecto Dunning Kruger (del que tengo pendiente escribir una entrada desde hace meses). 

Tampoco me apetece entrar en asuntos ideológicos ahora (a pesar de que en varias de las intervenciones nos animaron a perder el miedo a expresar con criterio nuestras opiniones políticas), pero este enfoque hacia las personas y la vertiente social del evento me ha recordado que, en otros muchos, el enfoque que prima a la hora de dar consejos es un liberalismo extremo, en el negocio pero también en la vida. («Si quieres ganar los millones que he ganado yo, procura volver a nacer con una familia adinerada que te permita intentarlo muchas veces hasta que tengas la suerte de que te salga bien» y, sobre todo, «si estás trabajando tantas horas que has perdido a tu familia, tus amigos, tus hobbys y tu tiempo, es porque eres un buen emprendedor»). Sí, lo sé, sueno histriónico y, que nadie se ofenda, pero podría señalar varias decenas de charlas sobre emprendimiento que orbitan en torno a uno de esos dos mantras (incluso de ambos). Lo que quiero resaltar es que, en charlas tan individualistas, raro me ha sido extraer una moraleja que diste del «pues haber sido yo», trabajando la vanidad sobre la empatía.

Para acabar mi valoración generalista del evento, es cierto que una parte del contenido podría considerarse de excesivamente técnica, con terminología o sectores donde has de estar muy atento para seguir el hilo del relato. Tras reflexionar sobre ello, creo que lo considero otro acierto y me explico: te hace salir de la zona de confort. Quizá en otras ocasiones, he perdido más la atención si cada persona que habla cuenta cómo ha conseguido el éxito y, casualmente, la fórmula es la misma en casi todas ellas, cambiando un poco los contextos. Pero, como resultado, te acuerdas de la historia de dicha persona. Si el relato te hace descubrir nuevo conocimiento de una forma incluso didáctica, bienvenido sea, que también hemos venido a aprender

Me atrevería a decir que no he salido súper motivado de la experiencia, al contrario que de otros eventos en los que recibes una inyección de motivación por emprender y cambiar el mundo que, sin embargo, se diluye a los dos días. Al contrario, diría que ha sido una sensación más «racional», una pequeña dosis sensata de aprendizaje, que me ha hecho sentir algo más sabio, por expresarlo así. En cualquier caso, hace falta que yo ahora haga mis deberes, por ejemplo revisualizando algunas de las charlas e investigando sobre aquellos temas de los que quiero informarme más.

No quiero entrar a hablar una a una de las charlas, porque realmente todas me han parecido de un excelente nivel y dentro de poco estarán disponibles en los canales oficiales de TEDx, pero sí que me gustaría comentar cuál me ha tocado especialmente la fibra. Fue la de Beatriz Zamora hablando de emprendimiento; un discurso del que, por el tono, intuía el cauce que iba a tomar pero aún dudaba de si tendría la locuacidad de narrarlo de una forma tan impoluta. Me ha encantado comprobar que hay más personas que comparten mi opinión personal -consecuencia de estos tres últimos años ta(o)nteando con el emprendimiento- y que, además, la ha transmitido tan sagazmente que me ha despertado el deseo de poder transmitirla en aquellas situaciones que estén de mi mano, de una forma tan estructurada y concisa.

Finalmente, agradezco a todo el equipo que ha organizado este evento, especialmente porque, para tener una opinión tan positiva del mismo, todo tiene que fluir. Lamentablemente no es tan común ver eventos magistralmente ejecutados desde la perspectiva técnica porque se notan las tablas, lo cual se traduce en una excelente elección de las personas que han hablado, en la «auditoría» de sus contenidos y en la gestión de las intervenciones y los tiempos para que pasaran cuatro horas quedándote con ganas de más, algo realmente complicado.