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Hablar con retrospectiva es fácil, o al menos más fácil que identificar lo que estás haciendo mal en un contexto donde cada concepto tenía una nueva terminología anglosajona innovadora. En Julio de 2017, precisamente ActúaUPM me invitó a hablar en un curso de verano sobre mi experiencia Bitwea, y al prepararla me resultó bastante sencillo analizarla. Por esa razón, os expongo los tres grandes fallos que cometimos:

Fallo nº 1. A los ingenieros nos encanta hacer cosas sólo porque podemos.

Si bien mi lado diseñador me susurraba que hay que trabajar para satisfacer una necesidad o solucionar un problema, pensando siempre en quién tiene ese problema, durante esta etapa no lo tenía tan integrado. Abián, como electrónico, quería configurar una placa y yo, como diseñador, quería fabricar una carcasa. Luego ya veríamos qué hacía la competencia, quién era el público y de dónde sacaríamos el dinero.
Esto se ve especialmente reflejado en las muchas (aunque quizá no tantas) reuniones que tuvimos con managers de gimnasio, entrenadores personales, nutricionistas y otros profesionales varios que nos daban su opinión sobre el proyecto. Al final quizá no es tontería lo de que el valor de una idea tiende a cero, porque para el 100% de ellos la idea tenía sentido de una forma u otra, y nosotros nos encontrábamos felices con 37 nuevas posibilidades en las que trabajar, pero sin saber para quién. No hagas aquello que nadie te ha pedido que hagas.
Meses después de Bitwea, veo cómo empresas que en su día llevaban ya varios años y mucha financiación, ahora están lanzando ideas que nosotros contemplamos, ingenuos de creer que sería algo de un par de meses y “bootstrapping” a tope.

Fallo nº 2. Demasiado ocupado trabajando como para pensar en lo que trabajas.

Suelen decir que te equivoques rápido y barato, y nosotros creíamos que estábamos haciéndolo por el hecho de no gastar apenas unos euros en todo el proyecto (lo cual ahora agradezco). También leí “si tu producto no te da vergüenza cuando sale al mercado, es que es demasiado tarde”; no es que haya que hacer las cosas deliberadamente cutres, pero no podíamos compararnos con empresas con 5 años de trayectoria, un equipo especializado y recursos.
En este fallo creo que fue clave el factor distancia; recuerdo que ambos miembros del equipo vivíamos a 2000km y al final todo quedaba supeditado a llamadas, tareas individuales y largos audios de Whatsapp. Quizá, con una rutina diaria y trabajando en directo, lo que tardamos ocho meses en darnos cuenta, habría sucedido en uno, y el resultado habría sido distinto.

Fallo nº 3. Empieza sabiendo más que el 99% de la gente.

Suena estricta pero sigo pensando que es un hándicap fundamental. Digamos que para que triunfes profesionalmente con cualquier actividad, ésta se te tiene que dar bien, te tiene que gustar y tiene que dar dinero. Si quitas cualquiera de los tres elementos, la fórmula cojea pero aguanta un tiempo y, si quitas dos, hace aguas por todos lados. Como he explicado antes, la motivación tiene que venir de la necesidad, no del producto. También alguien dijo “Strong Opinions Loosely Held” y nosotros hicimos lo contrario, nos enamoramos de cada mínima idea que surgía.
¿Y qué pasó? Que las múltiples entrevistas eventualmente hacían amainar la niebla de preconcepciones a las que nos agarrábamos y nos dimos cuenta de que no hacía falta pulsera, era inviable y nadie la quería. Esto nos llevó a una nueva etapa desarrollando una (muy completa) web con vistas a una futura app, campo del cual, por cierto, no teníamos ni idea. Como tampoco teníamos del mundo emprendedor, pensando que El Futuro era presentarnos a una suerte de «Shark Tank» con el negocio del siglo o similar. ¿Va a estar de moda el «insurtech»? ¿Podríamos ser una «low-burn startup»? ¿Funciona muy bien el «marketing inbound»? ¡Vamos a ver «Silicon Valley»!
En mi caso, por tanto, me encontraba hacia un objetivo con el que no empatizaba (porque lo que yo quería era diseñar, me daba igual el qué), con un procedimiento técnico que no dominaba y en un contexto desfavorable que no supimos monetizar. Cero de tres.

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