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El Invierno de 2015 era un momento especial: tras casi cuatro años de Ingeniería en Diseño Industrial en la escuela ETSIDI, era el momento de cursar las famosas prácticas curriculares. Sobre este asunto podría dedicar un capítulo aparte pero resumámoslo en que, por primera vez, no valían las notas ni los créditos: estábamos a punto de salir al -temido- mundo laboral y nos dábamos cuenta de que la universidad no te preparaba para ello (esto también requiere un capítulo aparte porque, lamentablemente, es algo demasiado generalizado en gran parte del sistema universitario español).
Mi compañero Sergio y yo, inseparables durante la carrera, nos encontrábamos en plena diatriba existencial cuando decidimos aceptar el reto que nos propuso Manuel, uno de nuestros profesores: crear una asociación de ingenieros en diseño industrial. En aquel momento, no sabíamos lo que nos iba a esperar, pero tenía sentido, porque echábamos en falta que algo así existiese, pues queríamos conocer diseñadores industriales de otras universidades, de otras ciudades, de empresas, queríamos salir de la burbuja de una vez.
Es un tópico que los comienzos son difíciles, pero no pueden ser de otra manera cuando comienzas completamente a ciegas. Los primeros meses bailaron entre papeleos, burocracias, reclutamiento aleatorio y disparos al aire, pero en algún momento eso tendría que cambiar.

«No se trata de convencer a los ateos, sino de seducir a los agnósticos».

Uno de los momentos más especiales de AIDI ha sido cuando, un año después, la suerte (y un ojillo puesto en lo que se llevaba por Valladolid y Sevilla) quiso que coincidiéramos un primer equipo que nos motivamos por organizar #IDesignWeek: tres días, doce ponencias, cuatro talleres, un showroom con veinte participantes, un Design&Drinks… para ser la primera vez, no podíamos estar más orgullosos. El evento era aún para estudiantes, aún en la escuela, aún repleto de fallos obvios, pero fue; aquí es cuando se podría decir que realmente habíamos comenzado.
Siempre digo que lanzar el proyecto de AIDI es muy similar a emprender, pero sabiendo que nunca vas a poder ganar dinero directamente con ello (revisión de 2018: ¡JA!). Por esta razón, también es fácil identificar quién empatiza realmente con el proyecto y quién está dispuesto a luchar por él. Una de las muchas cosas que he aprendido en este tiempo es que no basta con que tú creas que algo tiene sentido: tienes que tener un plan, tienes que comunicarlo y, en el mejor de los casos, puede que otras personas sencillamente tengan otras prioridades. No es culpa de los demás, porque no se trata de convencer a los ateos, sino de seducir a los agnósticos.

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