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En Septiembre de 2017, tuve la suerte de poder participar en un nuevo proyecto de la rama biosanitaria, con el que poder estrenar una nueva etapa como diseñador industrial freelance.
La startup en cuestión es S-There, fundada por Adrián, enfermero, y Eider, química, quienes estaban desarrollando un dispositivo de medición de orina que se colocaría en la pared interior del inodoro y, a través de una app, podría detectar los diferentes parámetros de la orina para prevenir y monitorizar enfermedades. El dispositivo contaba con una serie de elementos electrónicos internos que necesitaban una carcasa que los contuviese.
El objetivo final de nuestro trabajo, que a su vez definía la fecha de entrega, era la presentación del producto a unos inversores, dentro de un mes y medio, con la intención de lograr una financiación que pudiera lanzar definitivamente la startup, que ya había tenido varios años de trayectoria internacional por China y EEUU.
Por tanto, todo el trabajo debía enfocarse a esa reunión, obviando ciertos aspectos que más adelante serán indispensables (como la miniaturización), pero haciendo hincapié en aquellas características fundamentales para lograr el éxito con los inversores. En concreto, necesitábamos que el objeto goce de hermetismo para que no se dañen los elementos electrónicos, que la superficie exterior tuviera un acabado suave y armonioso con la textura de la porcelana, que resultara fácil de limpiar y que la carcasa externa fuera intuitiva de desmontar pero difícil de acceder a su interior. Por descontado, tendría que funcionar con una muestra real.

«Trabajar con pocos recursos hizo que la mayor parte del tiempo lo invirtiéramos en Diseñar».

Este fue mi primer trabajo como equipo de diseño industrial con Antonio Pinar, con quien en el futuro repetiría y de quien sigo aprendiendo, y el proyecto finalizó con éxito. De las semanas de proceso, a destacar lo complicado que fue trabajar con elementos y dimensiones tan pequeñas, pues la tecnología a emplear era impresión 3D con FDM y PLA. Porque no todo lo que modelábamos valía, ya que un espesor demasiado estrecho o un ángulo incorrecto derivaban en un límite de fractura que se superaba o en una altura de capa que rompía el volumen tras horas de impresión. Por no hablar de hallar los elementos normalizados (tornillos, juntas, etc.) que encajaran perfectos en el modelo, pues una desviación de varias micras en algunos casos, suponía una geometría imposible que tuvimos que resolver una y otra vez hasta dar con un diseño optimizado final.
Fue una grata experiencia trabajar en este proyecto, el hecho de ser una startup nos hacía compartir la emoción de cara a la presentación con los inversores (con el aspecto tranquilizador de que no seríamos nosotros los que realmente lo presentáramos) y, cuando ésta finalmente salió exitosa, nuestra alegría también fue enorme, porque habíamos formado parte clave de ese éxito. Además, el trabajar con pocos recursos siempre agudiza el ingenio y, en este caso, no había apenas “distracciones” más allá del propio objeto y sus componentes, por lo que la mayor parte del tiempo lo invertimos en Diseñar.

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