Daniel Llamas


Si bien 2016 fue un año de fe, porque hubo momentos en los que era difícil saber exactamente por qué hacíamos lo que hacíamos, 2017 fue el año de karma. Realmente, no es más que el matiz poético que le atribuimos a la probabilidad de que nuestro trabajo germine en recompensa. Ciertas decisiones clave como comprender que si nuestra aspiración era profesional, teníamos que despegarnos de la faceta más estudiantil; o que si nuestro alcance geográfico era madrileño, debíamos posicionarnos como tal, permitieron que al equipo se unieran nuevas personas, con nuevas ideas. El factor clave de proceder de diferentes universidades e incluso ciudades me sigue pareciendo fundamental.

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«Por primera vez, AIDI era más grande que cada una de las personas que la formábamos».

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Nos fijamos una fecha: 29 de Junio de 2017, el Día Internacional del Diseño Industrial y queríamos hacer un evento a su alrededor. Meses de trabajo, presupuesto mínimo, pero un equipo comprometido y un objetivo tangible nos hicieron organizar IDesignMadrid.
IDesignMadrid me enseñó a trabajar en equipo, me enseñó a confiar y delegar en mis compañeros y sirvió para que AIDI ganara una personalidad propia que quizá antes no tenía tan definida. Por primera vez, AIDI era más grande que cada una de las personas que la formábamos, y todos éramos realmente un grupo de amigos disfrutando con lo que hacíamos.

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En verano de 2017 planteamos cómo podríamos aprovechar esta nueva oleada de motivación con la que nos encontrábamos. Además, habíamos conectado con empresas y una parte de nuestra comunidad por lo que, si bien aún era un pequeño paso en el camino, se podía atisbar -por fin- una luz al final del túnel, habíamos dado con el primer clavo.
Análisis estratégico, nueva junta directiva, re-estructuración interna, reclutamiento de nuevos interesados… son conceptos que parecían insondables hace tan solo unos meses (cuando la fe ganaba al karma) y, sin embargo, nos han conducido al AIDI que ya era una realidad y no una quimera.

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